
Laprida.
Provincia de Buenos Aires.
Ciudad mágica.
Increíblemente mágica.
La conjugación de anécdotas, gente, energía,
pasiones, climas, etc, es,
para el que nunca estuvo ahí,
imposible de comprender.
Hace 18 años que cada fin de semana
del doce de octubre,
se abren ciudad, casas,
y centros deportivos;
para recibir
artistas, talleristas, educadores,
docentes, locos, soñadores, buscadores,
perdidos y encontrados que
se mezclan con sus pobladores en un carnaval
bestial.
No lo he visto en ninguna parte del mundo.
Esas Jornadas son nuestras.
Son 8 horas cada día,
partidas al medio para ir
a comer todos juntos.
Al llegar, uno elige dos talleres,
entre la veintena que hay,es muy difícil elegir
entre los monstruos y artistazos
que los dan.
Me recuerdo, cuando la segunda noche,
caminaba de vuelta al albergue
y caí en la cuenta que hacía mucho tiempo,
pero mucho, eh ? que
no lo hacía tan libre como en Laprida.
Una ciudad, donde las bicicletas y las casas no se cierran
donde casi no hay rejas,
donde la continuadora de Leda Valladares
se encuentra en un teatro precioso, de los viejos,
con público venido de todas partes mezclado
con Coco Romero , el Chino Correa,
Mirta Colángelo,etc, etc, etc.
Nilda, la cuidadora donde estabamos con mi hijo
y una treintena de adolescentes y maestros,
rastas y estudiantes de teatro,
profesores de literatura y bailarinas,
Nilda,decía, preparaba una"torta de bodas"
(como le llama ella a una versión parecida al budín inglés)
para festejar el domingo el día de la madre...
Frente a la plaza se hacía yoga
y se cantaban mantras
para agradecer a la Madre Tierra y al Cielo
entre velas perfumadas,
y los últimos naranjas de la tarde
entraban por las ventanas.
El mate circulaba en ruedas interminables,
las carbonadas y los cafés de arte,
juntaban promesas de adoslescentes
enamorados.
La lluvia diluvió un día
empapapando blusas y jeans,
zapatillas y gorros
mientras todos se acomodaban
donde más les gustaba.
Imposible hablar de Laprida en un
solo día.
Me llevará unos cuantos,
a medida que lleguen fotos, (me olvidé mi cámara)
a medida que encuentre
retazos de esas historias.
Por ahora, y como cierre, dos cosas,
la primera,
al final, apunto de subir al bus,
alguien me grita: Diana!
me di la vuelta
y era una chica que bailó en la murga
conmigo, algunos la podrían llamar loquita,
otros retardada,
otros minusválida.
Nos despedimos.
Su abrazo fue conmovedor.
Los ojitos se nos llenaron de lágrimas.
La segunda y como broche de mostacillas
de este fin de semana para el recuerdo:
El collar que recibí al volver,
el de la foto,
me lo hizo mi papá-con una sola
mano porque es hemipléjico-
Me lo dio en un
paquetito con una nota:
con amor para Diana,
Feliz día de la madre.
Papá.
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